No te quiero.
No quiero pasear contigo  por Plaza Victoria,
sentarnos,
tomarnos tímidamente de la mano,
tomar un helado.

No, no quiero
mirarnos eternamente a los ojos
tratando de encontrarnos el uno al otro,
cubrirme con tus pestañas,
dormir en tus pupilas.

No te quiero,
No quiero que llegues con flores los domingos,
ni verte los sábados a las siete.
No, no quiero.

No es lo mismo
una mujer alada,
que un pájaro enjaulado y cantor.

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